¿Conoces el Limequat?

El origen del Limequat no está claro, parece ser en Florida a principios de S XX. Este pequeño cítrico es el surge del cruce entre lima y kumquat.

El resultado es un atractivo arbolito, muy frondoso, de color verde oscuro brillante. De aspecto muy parecido al kumquat aunque más pequeño.
Su porte y su reducido tamaño, aproximadamente un metro y medio, le han hecho protagonista de jardines, porches y terrazas. Pero no solo crece en exterior, es perfecto para su cultivo en interior solo necesita recibir mucha luz.

Al contrario que otros pequeños cítricos comestibles, el limequat, hasta hace relativamente poco, ha sido mucho más apreciado por su valor ornamental que por sus frutos, no nos extraña, es realmente bonito.
Uno de sus atractivos es precisamente su abundante productividad. Sus pequeños frutos pueden ser ovalados o redondos, muy verdes cuando comienzan a formarse y más amarillos al madurar.

Su piel es lisa, fina y brillante, comestible y con un curioso sabor dulce. La pulpa es abundante, con mucho zumo a pesar del pequeño tamaño, su sabor ácido recuerda a la lima.

Contiene una gran cantidad de vitamina C, más en la corteza que en el interior y muy pocas calorías. Por lo que es muy recomendable su consumo en distintos tipos de dietas.

El contraste entre el dulzor de su piel y la acidez de su pulpa dan mucho juego para utilizar los limequat en la cocina, tanto para platos dulces como salados. En los últimos años el uso de este pequeño cítrico a pasado de ser principalmente decorativo para empezar a ser la estrella de muchas recetas tanto en recetas cotidianas como en alta cocina.

Se puede encontrar en cocteles, mermeladas, platos de pescado, salsas….
Como muestra podéis ver este ejemplo de Martin Berasategui.

Su cultivo es fácil. Le gusta mucho el clima mediterráneo. El sustrato debe permitir un buen drenaje, no es demasiado exigente, en uno medio enriquecido con humus se sentirá cómodo. La exposición debe ser luminosa, aunque al igual que otros cítricos pequeños los rayos directos del sol en los meses de verano le pueden perjudicar. Conviene evitarlos.

No le gusta el frío, las heladas no las soporta, en caso de que se puedan producir es importante protegerle metiéndole en un interior con mucha luz.
La temperatura ideal para su cultivo está entre los 10 y los 30 grados. El riego debe ser frecuente, le gusta la humedad, pero es importante no encharcarle.


Con estos pequeños consejos solo te falta elegir un buen sitio y empezar a buscar recetas.

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